Despertarse más de una vez en la noche es más peligroso que dormir pocas horas

Efectos de dormir mal

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Un estudio realizado por Patrick Finan y su equipo, en la Universidad Johns Hopkins, (2015), y publicado en la revista Sleep, reveló que es mejor dormir poco pero sin interrupciones por la noche, a dormir muchas horas pero con interrupciones.

De acuerdo al estudio culminado en noviembre 2015, para llegar a esta conclusión, los investigadores compararon el sueño de 62 personas que acostumbran a dormir normal y están en buena condición de salud. Una tercera parte de ellos fue despertada en varias ocasiones durante la noche, a otro grupo se les dejo dormir hasta que quisieron y al último grupo se les permitió dormir sin interrupción toda la noche y cuando ellos lo estimaran conveniente.

Al realizar una comparación del estado de ánimo de los participantes de los diferentes grupos y pruebas realizadas, los investigadores pudieron notar que aquellas personas que fueron interrumpidas varias veces durante dormían presentaban un estado de ánimo decaído y negativo después de la primera noche y los sentimiento negativos aumentaban mientras los positivos disminuían a medida que pasaban los días, mientras que los que dormían poco pero toda la noche mantenían su ánimo normal.

Por consiguiente, al estudiar los patrones cerebrales de los grupos, se descubrió que aquellos que despiertan por la noche tienen menos ondas de sueño profundo, las cuales están ligadas a la sensación de descanso y reposo.

“Cuando el sueño se interrumpe durante toda la noche, no existe la oportunidad de pasar a través de las fases del sueño para obtener la cantidad de sueño de ondas lentas que es clave para el sentimiento de la recuperación”, dice el autor principal del estudio, Patrick Finan, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins

“Los autores detallas que la pérdida de este tipo de sueño deteriora la capacidad para recuperarse o estabilizar las emociones positivas en respuesta a factores de estrés”,

Los investigadores afirman que las principales diferencias surgieron después de la segunda noche: el grupo que tuvo despertares forzosos registró una reducción significativa estado de ánimo positivo, mientras que el grupo al que se le retrasó la hora de irse a la cama obtuvo un descenso más leve que el primer grupo en cuanto a su estado de ánimo. Los autores agregan que no encontraron diferencias significativas en el estado de ánimo negativo entre los dos grupos en ninguno de los tres días, lo que sugiere que la fragmentación del sueño es especialmente perjudicial para el estado de ánimo positivo.

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