Llegar virgen al matrimonio arruinó su vida. No cometas el mismo error

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Desde que somos muy pequeños nos han educados bajo la creencia de que para recibir el amor de Dios, debemos seguir ciertos mandamientos. Se nos ha hablado de lo bueno y lo malo, de lo que debemos o no hacer.

Muchas veces se nos impone un modo de vivir en el que según la iglesia, se nos conferirá seguridad y paz eterna, pero ¿Qué pasa cuando la voluntad escapa a dichas imposiciones? ¿Qué sucede cuando en tu vida pasan cosas que nadie jamás te dijo que ocurrirían? ¿Qué  ocurre cuando la “la voluntad y recompensa” de Dios son completamente diferentes a lo que siempre te prometieron?

Esto exactamente fue lo que le pasó a esta chica, quien a través de una carta, quiso compartir con todos nosotros su experiencia…

En la carta ella habla de que cuando era niña solía ir con su madre y hermanos a la iglesia, era tan común que no recuerda haber faltado nunca, su madre le decía que eso era lo que Dios quería y que ellos debían seguir su voluntad. Cuando empezó a crecer su madre le hablo de muchas cosas que iban a cambiar en su cuerpo, y le hablo de lo importante que es llegar pura al matrimonio, haciéndole prometer que ella actuaria conforme lo manda la iglesia.

Cuando todo esto sucedió ella tenía 11 años; aún jugaba con muñecas, a la comidita,  los niños le daban asco, ella pensaba que se quedaría eternamente al lado de sus padres, sus pechos lucían como cuando iba al preescolar  y todavía no le llegaba su primer periodo, era una niña…

A medida que iba pasando el tiempo la obsesión de sus padres con el tema parecía ir en aumento, tanto que su mamá buscaba hasta la más mínima posibilidad de recordarle aquella promesa y  recalcarle que las mujeres que no llegaban puras al matrimonio vivirían en eterno pecado mortal, por lo que se iría directo al infierno.

Luego de escucharlo tantas veces, ella no solo me aferre a esa idea, sino que también decidió que cuando ese día llegara su tarea sería dedicarse a su esposo en cuerpo y alma, perdonaría todos sus pecados, inclusive si él ya venía manchado con el pecado, puesto que finalmente ella sería el corazón de aquel hogar, aunque ella confeso, que llego a pensar que por esto, su marido la querría aun más y serían eternamente felices.

El tiempo paso y finalmente conoció al “amor de su vida”, quien luego de haber respetado su decisión y tras un año de bonito noviazgo, le pidió que fuera su esposa. Ella estaba feliz, se caso de blanco, tuvo una hermosa fiesta, complació a sus padres y al mismo tiempo había cumplido cabalmente con la voluntad de Dios, lo que según las enseñanzas de su iglesia, le garantizaba un matrimonio para toda la vida.

La fiesta terminó y ella y su esposo se dirigieron a su sagrada noche de bodas. Al llegar al hotel, los nervios comenzaron a perseguirla, no sabía cómo actuar, qué decir, ni como debía moverse. Ella confiesa que su esposo parecía tener mucha experiencia y que a pesar de que ella mostraba dolor el parecía sólo buscar complacer sus ansías.

Cuando terminaron, él solo se dio la vuelta y se quedo profundamente dormido. Ella estaba asustada y un vacio tremendo rodeo todo su ser, se sentía sucia y en pecado; A pesar de que él estaba  a su lado, se sentía completamente sola y un sentimiento de angustia que hacía que ella quisiera salir corriendo de la habitación, así que tan solo se cubrió por completo, le dio la espalda y lloro hasta quedarse dormida.

Ella no se sintió bendecida ni tampoco feliz, a partir de ese momento, cada vez que llegaba la noche sentía temor y le pedía a Dios para que él no la tocara, pero como su esposa estaba obligada a complacer todos sus deseos o por lo menos eso era lo que ella creía.

Con el paso del tiempo, ella comenzó a verlo como una obligación y no como un acto que se disfrutara. A los 5 meses quedo embarazada de su primer hijo y dos años más tarde otro bebé se unió a la familia.

A los 4 meses del nacimiento de su segundo hijo, descubrió la infidelidad de su esposo, algo que perdono por sus hijos, sin embargo, un año más tarde, lo volvió a descubrir con otra mujer, pero por encima de la voluntad de sus padres, quienes le aconsejaron que lo perdonara, se divorciaron.

Ella afirma que llego pura y casta al matrimonio y no obtuvo ninguna recompensa, el “amor de su vida” ese hombre por el que se conservo por 25 años, la traicionó a ella y a su  matrimonio, ese que la iglesia le dijo que sería para siempre solo duro 4 años. Ahora tiene 29 años, es una mujer divorciada y trabaja para sacar adelante a sus dos hijos a los que su ex esposo no les da nada.

Ella llegó pura a su noche de bodas como lo prometió y no tuvo un esposo grandioso. Aunque no se arrepiente de haberse casado puesto que ahora tiene a dos hermoso hijos, se arrepiente de haber creído en tantas palabras. Ella ya no va más a la iglesia, y puesto que no puede recuperar el tiempo, ahora  procura disfrutar su vida y vivir en completa libertad.

Si tú estás pasando por algo similar, si aún no te has casado o cometido el mismo error que ella, no debes permitir que otros decidan sobre tu futuro, tu felicidad es tuya y tu manera de pensar, comete errores y aprende de ellos sólo eso te dará una verdadera felicidad.

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