Su técnica es una de las últimas formas de tatuaje artesanal del mundo.

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La exclusividad de estos tatuajes atrae turistas del mundo entero. Ellos tienen como salvar la tradición pero también pueden romper su esencia.

Esta mujer mantiene vivos tatuajes que vienen realizándose desde hace miles de años y que se pensaban estaban extintos en casi todo el mundo.

Whang-Odd, es una filipina que se ha dedicado durante toda la vida al igual como lo han hecho sus ancestros durante muchas generaciones.

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Whang-Odd, tiene 92 años y es la última persona que cuenta con los conocimientos necesario para que perduren las mambabatok (Maestras tatuadoras) pertenecientes a Filipinas, específicamente a la zona norte región de kalinga. Solo hay una esperanza para lograr que esta cultura y tradición de este pueblo perdure y es su pequeña nieta de solos 10 años de edad. Lamentablemente en esta zona rural, la poca población provoca que apenas nazcan niños pues cada día su población es más adulta.

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En otros tiempos en kalinga, era normal conocer personas que tuvieran esta destreza y este arte al menos una persona en cada pueblo manejaba este don. Tenían la costumbre de tatuara las mujeres que se consideraba estaba en la edad adecuada de contraer matrimonio y lo hacían con motivos decorativos. También se hacían tatuaje a los guerreros, estos eran en forma se cien pies lo que indicaba que estaban listos pata ir a la batallas y si volvían victoriosos se ganaban un tatuaje de águilas.

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La técnica que utiliza, es el batok, una de las pocas maneras naturales y artesanales de realizar tatuajes que queman en todo el mundo. Para realizar los tatuajes, ella utiliza una espina afilada sujetada a un palo, este palo debe estar modado en una tinta especial hecha de Hollinn y penetra la piel con pequeñitos golpes realizados con un mazo de bambú, siguiendo la plantilla que ya ha realizado a mano.

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Estos tatuajes con tan exclusivos que ha atraído a turistas y periodistas de todo el planeta a la pequeña aldea de   Whang-Odd. La gran cantidad de visitas que recibe a diario trae con ella una nueva esperanza para la conservación de esta antigua tradición de hace miles de años. Además provoca filas de más de 150 personas al día, que esperan frente a la pequeña casa de la mambabatok y ha variado la tranquila vida de este pequeño pueblo..

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